HISTORIA


UNA HISTORIA DE BRILLAR LOS OJOS Y TAMBIÉN LOS CABELLO


 
"Creer que es posible", fue la frase dictada por un niño de 15 años de edad en una conversación con los padres. Este discurso marca el inicio de un nuevo ciclo en una familia emprendedora, que creyó en los propios sueños, luchó y se ha expandido por las tierras mineras y todo Brasil.

Nacidos y criados en Ipatinga, interior de Minas Gerais, Augusto y Elida poseen una química que está más allá de los afectos. Juntos, construyeron una hermosa familia, que hoy es también una empresa.
Al principio no fue fácil. La empresa no nació de un día para otro. La pareja comenzó vendiendo cosméticos a la familia y amigos cercanos. Percibiendo que funcionó, resolvieron arriesgar y vender de manera autónoma. Las ventas aumentaron y luego empezaron a montar equipos.

En el año 2000 decidieron regresar a Minas Gerais. En el año 2000 decidieron regresar a Minas Gerais, en el estado de Goiás. Esta vez, en Belo Horizonte.
 
Viviendo en una casa aún muy simple, con apenas 4 habitaciones y 3 niños, el emprendedorismo y la voluntad de crecer hablaba cada vez más alto. El equipo fue creciendo y la familia prosperó lentamente. Percibiendo que el trabajo con ventas crecía Rápidamente, Augusto se vio soñando en producir los propios cosméticos. Hizo algunas pruebas y la fabricación artesanal comenzó a fluir, al punto de tener que cambiar la empresa al sótano de casa.

Como toda buena empresa, el nombre necesita ser relevante y formar parte de aquella historia. Con Augusto no fue diferente, siempre trabajando en familia, el nombre escogido no podría venir de otro lugar o manera. Desalfy surgió de dentro de casa, que deletreando, trae el nombre de los tres hijos: Déborah, Salmón y Filemón.
 
La empresa nació en el corazón de un padre de familia que soñaba con la posibilidad de extraer lo mejor de la naturaleza para fabricar cosméticos de alta calidad. El cuidado en la preparación y la selección de los ingredientes hacía de Desalfy un producto único y de alta calidad. Siendo así, el lema "Quién usa Ama" no fue difícil de conseguir. Estaba en el corazón de la familia y en la boca de los clientes, que quedaron enamorados de Desalfy.

Los niños crecieron. Y Filemón, el hijo mayor, a los 15 años de edad sintió el deber de asumir la fábrica de la familia para dejar a los padres enfocados en la comercialización. Poco tiempo después, Salmón siguió los mismos pasos del hermano.

El chico ingenioso se formó en química y su hermano menor también. Hoy, la empresa respira a través de la fuerza del trabajo de toda la familia, que contribuye cada cual en su función y destreza en el negocio.
 
Actualmente, la empresa tiene su sede propia con 850 m² y está presente en más de 100 ciudades repartidas por Brasil. Y para llegar más lejos y alcanzar aún más familias, DESALFY lanzó su primer e-commerce. El objetivo es seguir creyendo en lo posible y conquistar todo el país.

 

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